Cómo corregir a Nuestros Hijos

Quién ama educa y para educar a nuestros hijos debemos corregir. Sin embargo,
corregir correctamente no es fácil, es un arte, por lo que es importante tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:

1. Reconoce lo bueno que hay en tus hijos. Es muy fácil encontrar defectos en los demás sin ver sus bondades. En una pared blanca, una pequeña mancha destaca sobre el todo. No corrijas si no sabes también elogiar.

2. Corrige con cariño. De forma serena y ponderada, sin apasionamientos ni precipitaciones. Hay que esperar el momento adecuado. Si estamos muy molestos o irritados, debemos esperar a que nuestro ánimo se calme. Evitar las ironías y los sarcasmos. Buscar el bien del hijo más que nuestra propia satisfacción.

3. Examínate. Antes de corregir, es bueno examinarse sobre la propia actuación en el aspecto a corregir. Somos modelos para nuestros hijos y nuestro actuar influye en el de ellos, por lo que no estamos exentos de responsabilidad. Sin embargo siempre hay que corregir, aunque nosotros cometamos el mismo error, si este fuera el caso, es importante que nuestros hijos noten que estamos poniendo todo el esfuerzo en mejorar.

4. Ambiente de corrección en familia. En el ámbito familiar es muy positivo que se hagan correcciones, que los miembros de la familia puedan decirse las cosas unos a otros con toda normalidad. Hay que evitar a toda costa que los enfados y agravios se queden dentro de los corazones, porque ahí se pudren y pueden causar mucho daño.

5. Cómo corregir. La corrección hay que hacerla en privado, cara a cara, con comprensión y prudencia. Hablar y escuchar con tranquilidad, colocarse en su lugar -es muy útil recordar cómo actuábamos nosotros cuando éramos pequeños-. Evitar juzgar las intenciones, hay que atacar el acto y no a la persona. (Por ejemplo; has dicho una mentira en vez de: ¡eres un mentiroso!)


6. No dejar pasar. Nuestros hijos deben saber que los estamos corrigiendo porque los queremos. A veces es más fácil dejar pasar una mala actuación sin corregirla, esto es más dañino que el pequeño disgusto por el que podamos transitar al corregirlos.

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