¿Qué
es la seducción?
Seducir es interactuar con el entorno
para conseguir lo que necesitamos. Todas nuestras necesidades (alimentarnos,
cobijarnos, tener trabajo, etc.) logramos satisfacerlas mediante algún tipo de
seducción. Sin embargo, se ha especializado el concepto de seducción para
referirse principalmente a nuestras necesidades amorosas y eróticas. Y aunque
estas dos últimas tienen mucho en común, lo cierto es que no son lo mismo ni
mucho menos, y hoy en día se confunden, lo cual crea malentendidos y muchas
veces resultados agridulces, cuando no decepción y rabia.
De hecho, hoy día resulta bastante más
fácil seducir con intenciones puramente sexuales; pero seducir a alguien con el
anhelo de construir una relación afectiva de mayor calado, con perspectivas de
futuro, eso se ha convertido en una actividad esforzada y heroica, bastante
complicada de culminar con éxito.
¿Cuáles
son sus claves?
Lo primero es darnos cuenta de lo que
necesitamos. Cuando asumimos que no queremos una aventura de una noche, sino
una relación de compromiso (aceptarlo a veces es duro, pues la corriente actual
nos lleva al erotismo con más facilidad que a la implicación emocional), las
cosas empiezan a tomar forma. Una vez marcado claramente el objetivo, entonces
empezamos a reconocer el tipo de persona junto a quien podemos realmente
alcanzar la felicidad que nuestro corazón anhela. Es un proceso de prueba-error
que lleva cierto tiempo hasta que aparezca la persona adecuada, y con cuantos
más ensayes, más opciones tendrás.
También es esencial darnos permiso para hablar, para expresar nuestras emociones con sinceridad y sentimiento. En tiempos pasados, por convenciones sociales, los hombres galanteaban a las mujeres y las agasajaban. En realidad, era su forma de decir "me importas, te quiero". Hoy día se han perdido esas convenciones. Hay un vacío en el lenguaje, en los gestos. Y sin embargo, seguimos esperando que ellos sepan ser románticos, que sepan leer en nuestro corazón lo que anhelamos; pero se han quedado sin criterios emocionales, de modo que raramente podrán leer en nosotras nuestras necesidades si no se las contamos. En general, los hombres siempre han dejado en nuestras manos las emociones, para que de algún modo se las tradujéramos. Pero nosotras hemos dejado de hablar, hemos dejado de pedir que la vida sea bella y que los hombres sean románticos. Hemos tirado la toalla, porque nos han hecho creer que ser modernas e
independientes es callarse los
sentimientos y porque nos resulta demoledor que un hombre nos humille o
desprecie nuestra emoción genuina o tener que darle instrucciones de cómo
sorprendernos o emocionarnos. Y, sin embargo, necesitaríamos atrevernos a decir
lo que necesitamos. Arriesgarnos a que den la espantada. Muchas veces nos
enfadamos con los hombres cuando ni siquiera hemos expresado lo que deseábamos.
Hay que probar a hablar, a decir lo que necesitamos. Es necesario permitirnos
ser románticas (al estilo que cada una elija) para que los hombres puedan
escuchar y aprender, porque, en el fondo, ellos también anhelan la comunicación
amorosa.
¿Cómo
podemos sentirnos más seductoras?
La seducción siempre
dependerá del tipo de personalidad y del estilo de cada una. Lo importante es
no forzarte a algo que no va con tu estilo. No hay un modelo fijo, inmutable,
para todas las mujeres, eso es lo más importante, el principio básico. Lo que a
una le vale a otra la puede hacer sentir incómoda. Por ejemplo, una mujer
sofisticada puede seducir a través de su sentido de la sofisticación. Mientras
que una chica deportiva, amante de la sencillez, puede ser igualmente muy
seductora. Lo importante es no actuar, no adoptar una pose, sino ser tú misma.
Por eso, sí es cierto que existe un
arma común a todas, y es precisamente la naturalidad. Aunque
nos dé mucho vértigo, la expresión sincera de nuestras emociones es el arma más
efectiva. No digo que nos comportemos como si estuviéramos en casa en
zapatillas hablando con nuestros hermanos o amigos, pero sí debería ser algo
parecido. La seducción en el fondo es mucho más simple de lo que pensamos, lo
que nos hace especiales es precisamente ser nosotros mismos, y eso es lo más
fácil de hacer, porque nos sale de manera automática, al menos, en una
situación relajada, de no exigencia.
El problema surge cuando nos
rigidizamos, cuando nos ponemos en modo “ligar". Ahí, en
muchas ocasiones, es cuando la fastidiamos, paradójicamente, porque es cuando
dejamos de ser nosotros mismas y empezamos a ser la persona que creemos que
deberíamos ser. Creyendo, de algún modo, que la persona que somos carece de
atractivos, cuando en realidad es esa persona, justo la que escondemos en nuestro
interior, la que nos puede dar una lección de seducción. Por ejemplo, bromear y
ser divertida, cada una a su estilo, es un arma invencible que no siempre
practicamos cuando estamos en modo “ligar". Conservamos aún, en algún
recodo mental de nuestra educación, la idea de que hay que ser una diva y mirar
con distancia estudiada y sonreír con afectación. Ese es otro error. Ante la
naturalidad, además, el hombre baja las armas. Se siente tranquilo y seguro,
porque piensa que esa mujer no está en modo "ligar". Y de ese modo
podemos ir entrando en su vida, ganando tiempo para que nos conozca. Los
hombres no se enamoran de nuestro cuerpo, sino de nuestra alma.
"Desean" nuestro cuerpo, y eso se evalúa con rapidez, mediante la
vista, pero conocer el alma de alguien requiere algo más de tiempo. Y esa es la
clase de tiempo que hay que conquistar.
¿Cómo
nos ayuda sentirnos sexys, seductoras, a nosotras mismas como mujeres, a
nuestra autoestima, nuestra visión de nosotras mismas?
En un ambiente de bares y copas es fácil
dejarse llevar, pero también es arriesgado, pues ir demasiado deprisa hace que
quememos etapas de seducción que tardarían semanas en construirse pero que son
esenciales para establecer una relación de otro tipo. Ser impulsiva
gratuitamente es una forma de perder oportunidades. El tiempo que
"quemamos" en una noche difícilmente se puede recuperar después. Una
vez que hemos mostrado todas nuestras armas eróticas la primera noche, nos
quedamos desguarnecidas, y el hombre, sin lazos emocionales que puedan servirle
de señuelo para querer continuar la relación, pierde el interés. Y entonces es
cuando nos derrumbamos, sin entender por qué no somos capaces de construir algo
más sólido. Para la autoestima es tan importante la ropa que llevamos o el
perfume que nos ponemos —la primera impresión entra por los ojos y nos tienen
que ver guapas y arregladas, cada una a su estilo—, como manejar las claves de
nuestro deseo. ¿Qué busco? ¿Sexo o amor? Una "seductora" prudente e
inteligente dejaría una puerta abierta a la posibilidad de algo más y no
quemaría el encuentro en unas horas. Se ha extendido la creencia de que una
mujer moderna no debe tener complejos a la hora de un intercambio sexual en
libertad, pero en ningún sitio está escrito que si no nos apetece, tengamos que
culminar en la primera noche. Eso, además, no es seducir. Es matar moscas a
cañonazos. Y la seducción es un arte.
Escaso arte desarrollamos en una proposición erótica surgida del alcohol y las
tres de la mañana. Algo que no va a dejar una gran huella "emocional"
en el otro, por más que seamos unas artistas en la cama.
Los hombres nos han hecho creer que
nuestro mayor atractivo es el erótico, solo para facilitar el acostarse con
nosotras. Pero en realidad no deja de ser una nueva actitud de sumisión ante ellos. Tanto los hombres como las mujeres somos seres humanos con una
profunda necesidad emocional por cubrir. Y darle la espalda a esa
necesidad es pagar un alto precio. Nos olvidamos de que el sexo es un refugio
engañoso, que puede dejarnos más dolor y frustración posterior si cabe en el
caso de que aspiremos a algo más."Seducción" es también, por tanto,
la planificación personal de nuestros sentimientos. Algo que protege y refuerza
nuestra autoestima.
Les hacemos el trabajo y luego nos usan
y nos tiran. Se olvidan de que ellos son las primeras víctimas de una educación
ancestral en la que el reparto les ha adjudicado el papel más humillante. El
tópico de que ellos son primariamente máquinas sexuales es, aparte de patético,
irreal.
¿Cuáles
son los efectos, pros y contras, de la seducción para nuestra relación de
pareja?
La seducción se compone de diversas etapas. No es lo mismo seducir a alguien que
acabamos de
conocer que seducir en el seno de una relación
de pareja consolidada. En general, siempre
nos parece más difícil recuperar el deseo con alguien con quien llevamos años
de convivencia, pero nos olvidamos de una verdad esencial: donde quedan brasas
hubo una hoguera. Y reavivarla es más sencillo de lo que parece. Detrás de la
recuperación del deseo erótico subyace una necesidad bastante más profunda.
Muchas veces le cerramos la puerta a la sexualidad porque emocionalmente no
estamos satisfechos. Antes que desempolvar el liguero o ir a la tienda de
artículos porno, es fundamental recuperar el lenguaje de los
sentimientos. La
ternura, los mimos, la expresión amorosa hacia el otro es el mejor afrodisiaco que puede haber en el mercado.
Necesitamos que nos digan "te quiero", sentirnos amados. Y al mismo
tiempo, el otro necesita la misma "medicina". Una vez que el alma ha
hablado, el cuerpo recupera mágicamente el deseo. Es errada la extendida
creencia de que recuperando el deseo erótico se recupera el amor. El proceso es
el contrario. Nadie que tenga una necesidad emocional sin cubrir en la que está
implicada otra persona, puede recuperar el erotismo con esa persona hasta que
no se resuelva (y satisfaga) esa necesidad pendiente. Cerramos la puerta a lo
erótico como "venganza" inconsciente de nuestra necesidad afectiva
sin cubrir. Y hasta que esa necesidad no se cubre, la libido permanece en stand-by, dormida en espera del beso enamorado que la
despierte.


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